Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje

Queridos Hijos, Aún Hoy Los Llamo A Orar Por La Paz.

Paty Gallego Season 4 Episode 105

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La Virgen nos vuelve a llamar a orar por la paz, no solo la paz del mundo, sino también la paz de nuestro corazón. Nos recuerda que no debemos perder la esperanza, porque Dios ama profundamente a cada una de sus criaturas y desea salvarnos uno por uno. A través de la oración hecha con el corazón nos abrimos a la voluntad de Dios y permitimos que Él actúe en nosotros y a través de nosotros. En tiempos de incertidumbre, María nos invita a confiar en el amor y la misericordia de Dios, recordándonos que nuestro futuro está seguro en las manos de su Hijo. ✨🙏🏻🌹

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la Tierra seguimos profundizando este nuevo mensaje que la Virgen nos regaló el 25 de mayo del 2026, donde nos invita a vivir este tiempo en oración y ayuno. Y qué hermoso descubrir que María no solamente nos dice que oremos, sino también por qué debemos hacerlo y hacia dónde debemos dirigir nuestra oración. En un mensaje del 25 de marzo del 2003, la Virgen nos dijo: "Queridos hijos, aún hoy los llamo a orar por la paz. Oren con el corazón, hijitos, y no pierdan la esperanza, porque Dios ama a sus criaturas. Él desea salvarlos uno por uno a través de mis venidas aquí. Los invito al camino de la santidad. Oren, porque en la oración ustedes están abiertos a la voluntad de Dios. Así, en todo lo que hacen, cumplen la voluntad de Dios en ustedes y a través de ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué mensaje tan lleno de consuelo y de esperanza para el tiempo que estamos viviendo. La Virgen comienza diciéndonos: "Aún hoy los llamo a orar por la paz". Y qué necesaria es esta invitación. Vivimos tiempos de inquietud, de incertidumbre, de divisiones, de guerras y de sufrimientos en muchas partes del mundo. Pero también vivimos luchas dentro de nuestras propias familias, preocupaciones personales y batallas interiores que muchas veces nos roban la paz. Por eso María vuelve a insistir: "Aún hoy los llamo a orar por la paz". No solamente por la paz del mundo, sino también por la paz de nuestro corazón. Y enseguida nos enseña cómo hacerlo. Nos dice: "Oren con el corazón, hijitos". No una oración apresurada, no una oración distraída, no una oración solamente de labios, sino una oración nacida del corazón, llena de confianza, de amor y de abandono en Dios. Y luego viene una frase que parece escrita especialmente para nuestros tiempos: "Y no pierdan la esperanza". ¿Por qué? Porque muchas veces vemos lo que sucede en el mundo y podemos sentir miedo o desánimo, pero la Virgen inmediatamente nos da la razón para esperar, porque Dios ama a sus criaturas. Qué hermoso, ¿verdad? Nuestra esperanza no se apoya en las circunstancias, nuestra esperanza se apoya en el amor de Dios. Y esto conecta maravillosamente con el mensaje del 18 de marzo del 2026, donde la Virgen nos dijo: "Nunca olviden cuán grande es el amor de Dios. A través de ese amor estoy con ustedes. No olviden cuán grande es su misericordia. A través de esa misericordia les estoy mostrando el camino hacia la verdadera felicidad y la paz perfecta". Qué consuelo tan grande. María nos recuerda que está con nosotros precisamente porque Dios nos ama y que nos muestra el camino hacia la paz verdadera porque Dios es infinitamente misericordioso. Y continúa diciendo: "Él desea salvarlos uno por uno a través de mis venidas aquí". Qué ternura tan inmensa hay en estas palabras. Dios no ama a la humanidad solamente en general. Nos ama uno por uno. Conoce nuestras luchas, conoce nuestras heridas, conoce nuestros temores, conoce nuestras necesidades. Y por amor envía a María para llamarnos nuevamente a su corazón. No para asustarnos, no para condenarnos, sino para salvarnos uno por uno. Y después la Virgen nos muestra algo precioso: "Oren, porque en la oración ustedes están abiertos a la voluntad de Dios". Cuántas veces pensamos que la oración sirve solamente para pedir. Pero aquí María nos enseña que la oración hace algo mucho más profundo: abre nuestro corazón a la voluntad de Dios. Y cuando nos abrimos a su voluntad, comenzamos a descubrir que Dios puede actuar en nosotros y también a través de nosotros. Por eso la Virgen concluye: "Así, en todo lo que hacen, cumplen la voluntad de Dios en ustedes y a través de ustedes". Qué hermoso programa de vida. Orar por la paz, orar con el corazón, no perder la esperanza, confiar en el amor y la misericordia de Dios y abandonarnos completamente a su voluntad. Y quizás hoy podemos guardar especialmente esta frase en nuestro corazón: "No tengan miedo del futuro, porque pertenece enteramente a la voluntad de mi hijo". Qué paz tan grande saber que nuestro futuro, el de nuestras familias y el del mundo entero, está en las manos de Jesús.